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Comer con los dedos o la reivindicación de la otredad

¿Te gusta comer con los dedos? // Foto: Wikimedia Commons.¿Te gusta comer con los dedos? // Foto: Wikimedia Commons.

Todo lo que se interpone entre el cuerpo humano y la naturaleza es un elemento cultural.[1] La ropa, el calzado, los sombreros, los velos y los cubiertos de la mesa son inventos del hombre. Por cierto que estos últimos –cuchillos, cucharas y tenedores- primero se inventaron para ser usados en la cocina y apenas hace muy pocos siglos se empezaron a usar en la mesa del comedor, y al principio solo en el llamado Occidente. Ya después se utilizarían en buena parte de todo el mundo.

Una de las creaciones más geniales de la naturaleza son las manos. Cada una tiene 27 huesos y 19 músculos que le permiten los movimientos y usos más versátiles. Las manos son nuestra principal herramienta y las hemos usado históricamente para comer, aunque en algunas regiones del planeta se hayan inventado elementos culturales que ayudan a ese propósito, como los palillos en China o los cubiertos en Europa. En México, la tortilla, además de ser alimento, también es una herramienta que sirve para tomar bocados.

Además, las manos –y sobre todo la punta de los dedos- son el principal órgano donde se manifiesta el sentido del tacto y ya sabemos que en muchos alimentos las texturas son casi tan importantes como los sabores mismos. Hay un placer táctil que en cierta manera hace que la yema de los dedos sea una extensión del paladar.

Los bebés de cualquier parte del planeta tienen sus primeros acercamientos con el alimento utilizando las manos, pues tocan con ellas el seno de su madre cuando los amamanta. Y los bebés mexicanos de familias tradicionales suelen comer como primer alimento sólido una tortilla enrollada que toman con su mano; medio la comen y medio la chupan.

A los niños les gusta tocar la comida con sus manos. // Foto: Wikimedia Commons.
A los niños les gusta tocar la comida con sus manos. // Foto: Wikimedia Commons.

En muchos países no se utilizan artilugios para comer, sino que siguen haciéndolo del modo más natural y primigenio. Comen con los dedos y ello se hace de acuerdo a una etiqueta o protocolo claramente establecido. En diversos países árabes del norte de África y de Asia Menor la norma es usar tres dedos –el pulgar, el índice y el medio- y se come con gran delicadeza. En otros pueblos de África negra, de Asia Central y del Lejano Oriente, destacadamente la India con sus casi 1,300 millones de habitantes, utilizan tres o cuatro o cinco dedos, en todo caso de acuerdo a reglas formales. Tales reglas permiten, a veces, revolver dentro de un puño un alimento con otro.

¿Cuál es el lindero entre la “buena educación” y la “mala educación”? (nótese que entrecomillo ambos términos, por lo incierto de su significado). Esta cuestión nos remite al nacimiento de las ciencias antropológicas, cuando en los albores del siglo XIX el eurocentrismo comenzaba a estudiar a pueblos americanos o de otros continentes diferentes a Europa como los otros. Lo que no fuera europeo era la otredad. Tendría que llegar el siglo XX para que la antropología madurara de una retrógrada posición evolucionista a otra, más avanzada, relativista. Dejaron de vernos como fósiles culturales vivos y pasamos a ser exponentes de la diversidad.

La otredad es un fenómeno de ida y vuelta. Tan otros son los africanos para los europeos como los europeos para los africanos. Tan extraño es para un escandinavo comer arroz con curry utilizando los dedos como extraño es para un etíope el uso del tenedor. Por ello no existen en términos absolutos una “buena” o una “mala educación”. Pero sí podríamos decir que cualquier afrenta a las costumbres de un pueblo es una muestra de mala educación. Si estamos en Kartum invitados a comer por una familia sudanesa y cuando todos toman con los dedos los pequeños trozos de cordero guisado, sería una majadería si sacamos nuestros cubiertos. Por ello, para respetar cualquier ceremonial, “al lugar al que fueres, haz lo que vieres”.

En India los dedos son muy importantes a la hora de comer. // Foto: Wikimedia Commons.
En India los dedos son muy importantes a la hora de comer. // Foto: Wikimedia Commons.

Hasta hace muy pocos siglos, en Europa se comía no solo con los dedos, sino con la mano, incluida la palma, por ejemplo al sostener una pierna de gallina, e incluso con ambas manos para atacar un buen trozo de carne, donde los dientes hacían las veces de cuchillo y de pinzas, para arrancar un bocado. Desde el siglo XVI comenzó el intento para introducir los cubiertos en Francia, a iniciativa de Catalina de Medicis casada con Enrique II, pero fue tachada de cursi y realmente sería hasta el siglo XVIII cuando empezó la utilización del cuchillo, de la cuchara (nacida como hija del cucharón) y del tenedor. Por cierto que este último, desde el siglo XI, había sido calificado como “instrumento diabólico” por san Pedro Damiano, de seguro rememorando el tridente de Satanás.

Lo cierto es que en Francia y en términos generales en Europa solo usan cubiertos hace apenas menos de tres siglos. Mas, ¿no tocan ya con las manos los alimentos? Claro que sí. El francés más educado con las manos se lleva a la boca la baguette, untada con mantequilla y con jamón adentro; asimismo come el alemán un pan con una salchicha, y el español las tapas, los bocadillos y los pepitos, y el italiano las rebanadas de pizza. Ni qué decir de los estadunidenses, a dos manos devorando insípidas hamburguesas. Y en los más elegantes restoranes europeos, con las manos se va cortando a trocitos el pan y así, con los dedos, se van comiendo.

Muchos alimentos, por tradición cultural, se siguen comiendo con las manos. // Foto: Pixabay.
Muchos alimentos, por tradición cultural, se siguen comiendo con las manos. // Foto: Pixabay.

En los más refinados restoranes mexicanos sería ridículo usar tenedor y cuchillo para comer ese taquito o quesadilla que constituye la botana, pues es obligado hacerlo con los dedos; si acaso, para dar un aire estiloso, se puede levantar en esa operación manual el dedo meñique. Y en las calles, una plétora de exquisiteces, con los dedos se comen garnachas, elotes, pambazos, huaraches, tlacoyos y una larguísima nómina de antojitos, incluidas, por supuesto, las tortas.

Mas es en las zonas rurales de nuestro país donde a nivel doméstico no siempre hay cubiertos. Con la tortilla entera se puede tomar del plato la porción de guiso requerida para hacer un taco, o bien, cortada en pedacitos más o menos triangulares, se van tomando pequeños bocados.

En mayor o menor medida, en todos los países del mundo se usan los dedos para tomar directamente alimentos, obviando la utilización de cubiertos. Las diferencias son culturales y no ver con buenos ojos las usanzas ajenas es un prejuicio. En Francia, al terminar de comer un exquisito platillo, puede limpiarse el plato con un pedazo de pan manipulado con los dedos; incluso pudiera ofenderse el chef si el plato regresa a la cocina con salsa desaprovechada. En México, ese mismo acto suele verse como una falta de educación y es considerado como una muestra de estar hambriento; y si alguien se atreve a cometerlo, no mueve el trozo de pan con los dedos, sino con el tenedor. Sopear un churro dentro de una taza de chocolate es usual en España en tanto que sería muy mal visto en Inglaterra hacer lo mismo con un bísquet.

Puede ser mucho más refinada una indígena zapoteca comiendo unos frijoles con pedacitos de tortilla en vez de cuchara, que una texana echándose al coleto un rib eye con tenedor y cuchillo, mascando con la boca abierta.

Finalmente, viene al caso recordar la observación de cierto viajero extranjero en México, quien escribía: “He visto indias con los senos desnudos lavando ropa en un río más recatadas que algunas señoras vestidas yendo a misa en catedral”.

[1] El antropólogo Joan Manuel Quiles lo aplicaba solo a los cubiertos: “Todo instrumento que se interpone entre la mano y la naturaleza es un elemento cultural”. https://www.protocolo.org/social/la_mesa/a_mano_degustar_con_los_dedos.html

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