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El mejor queso del mundo no es francés

Todos sabemos que no hay que meterse con los franceses o sus quesos. Inventaron el comté, el camembert o los croque madames (o sea, las cosas más deliciosas que existen en la faz del planeta) y luego descubrieron una forma de comer queso sin engordar.

Pero parece que un país no recibió el memo que explica el estatus de Francia como el país de los quesos. En los World Cheese Awards 2016 en San Sebastian —un evento anual organizado por Guild of Fine Foods (Organización de Comida Fina)— un queso azul obtuvo el título del mejor queso del mundo.

¿Habrá sido el fromage azul apestoso de Saint Agur? ¿Quizá el clásico roquefort?

No, fue el queso de Noruega conocido como Kraftkar.  Sacré bleu!

Kraftkar es elaborado por el Gunnar Waagen en su granja ubicada en los fiordos centrales de Noruega. El queso lleva leche de vaca sin pasteurizar y fue alabado por los jueces por su textura, que se desmenuza para dar paso a una cremosidad suave.

Al recibir el premio, Waagan declaró: “Estoy completamente atónito; es absolutamente fantástico para una pequeña empresa”.

El Kraftkar de Waagen luchó por conseguir el premio contra 3.060 quesos competidores provenientes de 35 países. En los 29 años que tiene la competencia, el premio al Mejor Queso del Mundo casi siempre ha sido ganado por quesos franceses y británicos.

Por supuesto, los noruegos han sabido desde siempre que sus quesos valen premios. El brunost, un tipo de queso de suero cremoso, ha sido consumido en Noruega durante siglos, usualmente con pan crujiente y sándwiches, untado en hotcakes o incluso en guisos de carne de res.

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