Cualquier cosa menos una tarta

Un corte transversal de la corteza terrestre en clase de Geografía.

Sangre.

La textura de una pizarra.

Una nave espacial.

Criaturas marinas.

Un bloque de cemento.

Burbujas.

A todas estas cosas, y a muchas más, puede recordarte la obra de Dinara Kasko antes de que comprendas lo que realmente tienes ante los ojos: tartas.

La pastelera ucraniana se caracteriza por su facilidad para jugar con las texturas. Algunos de sus postres presentan superficies rugosas y, otros, un acabado de alto brillo que parece más propio de una escultura o un mueble que de algo comestible. Estos trampantojos agradan a los clientes, según la pastelera, «porque les gusta que les sorprendan y porque es divertido ver delante de ti un objeto extraño y encontrarte dentro una tarta».

Estudió diseño, quizá por eso para ella «el aspecto físico del producto no es menos importante que el contenido». Pero también es muy consciente de que sus postres deben estar exquisitos: «Si el sabor deja algo que desear, la gente no lo comprará la segunda vez por muy bonito que sea».

Kasko no tiene interés por guardar bajo llave las técnicas que la han hecho merecedora de prestigio internacional. De hecho, cree que compartiéndolas puede tener «nuevas experiencias y oportunidades». Ha impartido cursos de modelado de tartas en China, Tailandia, Kazajistán, Uzbekistán y Rusia; y tiene programados más en Italia, España y Bélgica. También vende por todo el mundo algunos de sus moldes geométricos más característicos y publica sus mejores recetas en formato vídeo.

Gran parte de dicha popularidad la ha conseguido a través de las redes sociales y, en concreto, Instagram, donde publica vídeos y fotos de sus creaciones que son recibidos con entusiasmo por sus más de 300.000 seguidores. «Las redes sociales son mi principal forma de publicitarme», asegura.

«Mi equipo es mi familia», dice, orgullosa. Su marido le ayuda con la página web y graba las fotos y vídeos de los productos. «Además, tiene mucho talento y se le ocurren un montón de ideas». Recientemente ha empezado a trabajar con un diseñador que la ayuda con el modelado e implementación de sus ideas.

La chef ya no tiene tiempo para cocinar en casa manjares tan elaborados como los que hacía antes, cuando le gustaba «preparar platos interesantes e inusuales». Debido al éxito alcanzado por sus peculiares y artísticas creaciones pasteleras, ahora en casa comen «comida simple y muy rápida» y, cuando quieren algo especial, van a un restaurante.

Kasko se define como una golosa empedernida, es incapaz de decidirse por una de sus creaciones y no tiene miedo de que el uso de la tecnología en la cocina sea visto con malos ojos por los defensores de la cocina más tradicional. Es consciente de que esa polémica entre modernidad y tradición existe, pero asegura que «con las tartas mousse todo es diferente. ¡Basta con que las prueben una vez!».

 

Deja tu comentario: