Masticar lento, ¿por qué es tan importante para nuestra salud?
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La importancia de comer y masticar lentamente

Por Animal Gourmet

La guía perfecta para comer más lentoLa guía perfecta para comer más lento

Comer despacio está relacionado con ser delgado. Investigadores de la Universidad Kyushu de Japón analizaron los datos de 60 mil solicitantes de seguros de salud japoneses y encontraron que las personas que comían lento registraron un 42% menos de probabilidades de tener sobrepeso u obesidad en comparación con las personas que comían rápido. Incluso, masticar a un ritmo normal ayudó a tener 29% menos de riesgo de tener sobrepeso. 

“Todo tiene que ver con la señal al cerebro”, explica la nutricionista de rendimiento Elly Rees. “Los estudios demuestran que nos lleva hasta 20 minutos registrar que estamos llenos. Entonces, las personas que comen en exceso tienden a comer demasiado rápido”.

Esa diferencia de 20 minutos puede ser enorme. Si la gente come más despacio, “descubren que están llenos”, dice Rees. Si bien muchos de nosotros podríamos pensar que hemos evolucionado para engullir alimentos lo más rápido que podemos, hay una variedad de formas de romper el hábito.

Muchos nutricionistas recomiendan dejar los cubiertos entre bocado y bocado, otros sugieren beber un vaso de agua antes de una comida. El hablar también funciona. El mejor consejo para la mayoría de nosotros es simplemente no comer delante de las pantallas viendo Netflix, las noticias o simplemente el teléfono. Mirar nuestra comida ayuda a que el cerebro se sienta lleno.

Masticar es el punto en el cual el consejo científico y el “no verse raro” chocan. Muchos dietistas sugieren que los alimentos duros -carnes y verduras- se deben masticar de 20 a 30 veces

Finalmente, tómate tu tiempo para apreciar la comida que tienes frente a ti, reemplaza tus cubiertos y mira lo que está en tu tenedor. También es buena idea comer alimentos que no son tan fáciles de tragar. 

Un estudio de 2011 sugirió que las personas que comían pistaches con cáscara consumían un 41% menos que los que comían sin cáscara, pero se sentían igual de llenos. Básicamente, come cualquier cosa con un caparazón o un exoesqueleto, o cualquier cosa que aún te esté arañando mientras la muerdes.