No todo lo que burbujea es champaña... - Animal Gourmet
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Ya sea para brindis, como aperitivo, durante o después de comer, la Champaña, el Prosecco y la Cava, son vinos espumosos increíbles. Sin embargo muchas personas los confunden, o suelen pensar que cualquier espumoso es “Champagne”, pero no es así. Entre las tres bebidas existen algunas similitudes, cierto, pero son mayores las diferencias y por supuesto, el origen.

El Champagne, o Champaña en español, es de origen francés de unas uvas que se cultivan en los alrededores de Reims, en la región Champagne donde normalmente llueve y hace frío.

Está compuesto principalmente por uvas Chardonnay, Pinot noir y Pinot meunier, es decir en gran parte es elaborado con uvas tintas y naturalmente ácidas como resultado del clima de la región. Cuando se elabora sólo con uva Chardonnay, se le conoce como blanc de blancs (blanco de blancos).

Normalmente la Champaña es más dulce que otros vinos espumosos debido al clima y a las cosechas irregulares en donde se produce, pues casi todo es una mezcla de vinos de distintas añadas.

La Cava, por otra parte, es de origen español y está hecho de uvas Macabeo, Xare-lo y Parellada, especies provenientes de La Rioja, Zaragoza, Alva y Valencia principalmente. Todas estas son uvas blancas, con una maduración correcta debido al clima cálido de la región por lo cual no es necesario agregar azúcar como en el caso de la Champaña.

Gracias al clima son más regulares las cosechas, por lo que la Cava se elabora con vinos de un mismo año y el resultado es un vino espumoso afrutado, fresco, ligero, de color amarillo pálido y un poco seco.

El Prosecco es el más diferente de los tres. Proviene de Italia y fue pensado para ser un vino de alta calidad y el espumoso italiano por excelencia. Está elaborado con uva Prosecco que se cultiva a 40 kilómetros de Venecia, en la zona de Treviso, una cepa muy particular de racimos grandes y uvas color dorado que dan un sabor parecido al de una manzana.

Con estas diferencias generales, hagamos nuestra propia cata, aunque los tres vinos quedan muy bien para acompañar platillos de su mismo origen. Lo importante es, sin importar la elección, que se beba a una temperatura de entre 5 y 9 grados, nunca más fríos pues pierden su textura y aroma. Ahora sí, ¡salud!