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La birria que conquistó California ❤️

Texto: Mayra Zepeda (@Mayra_Zepeda) // Ilustraciones: Jesús Santamaría (@re_ilustrador)

Despertar un día y tomar la decisión de cruzar la frontera para buscar mejores condiciones de vida. Viajar durante 36 horas en un autobús hasta Tijuana para esperar el momento en que el coyote se lleve a los niños en una camioneta hacia el “vecino del norte” y no saber si realmente se volverán a ver.

Cruzar. Llegar a Estados Unidos el 31 de diciembre de 1985 y celebrar con un pollo rostizado y la familia reunida el inicio de una nueva vida.

Rigoberto Castañeda y su esposa Beatriz decidieron dejar México y probar suerte en California, Estados Unidos, como lo hacían –y lo siguen haciendo- cientos de zacatecanos. El flujo migratorio de esta entidad hacia el norte es tal que en 2003 Zacatecas fue nombrado el “primer estado binacional” de nuestro país.

Su primer día de trabajo fue el 1 de enero de 1986, solo un día después de haber llegado a Estados Unidos. Su hermano ya tenía un pequeño restaurante mexicano en California, así que Rigoberto comenzó como lavatrastes y después ascendió a cocinero.

Los hermanos Castañeda llevaban la sazón en la sangre, pues su padre era un famoso birriero en el pueblo de Tepechitlán, Zacatecas.

Según el libro La senda del cabrito, el ganado caprino llegó a América durante el Virreinato junto con otras especies de animales domesticados. El chivo –la carne con la que se prepara la birria- entró a Jalisco por tierras zacatecanas y michoacanas.

En esos tiempos, los españoles optaron por regalar chivos a los nativos porque creían que la carne les haría daño. ¡Oh sorpresa cuando la probaron adobada y horneada bajo tierra! Así nació la birria, esa carne de chivo o carnero adobada en chiles que nada en un caldo humeante y exquisito hecho de jitomate y los mismos jugos del animal y que se come con tortillas calientitas y una salsita de “chile bravo”, al menos en Jalisco, el estilo de birria consentido y dominado por la familia Castañeda.

Tiempo después, un cliente del restaurante invitó a trabajar a Rigoberto como albañil. Sus paisanos de Tepechitlán sabían que Rigoberto era hijo de un birriero famoso, así que le pedían que preparara birria los fines de semana. Los clientes eran sus paisanos, hombres y mujeres migrantes que extrañaban los sabores de su tierra, Zacatecas. Así se corrió la voz.

“¡A 8 dólares el plato, a 8 dólares el plato!”

Un año después, en 1986, uno de sus primos que también vivía en California lo invitó a trabajar en otro restaurante. Rigoberto cuenta con una sonrisa gigante cómo se enamoró del lugar desde el primer momento en que lo vio y decidió hacer todo lo posible por comprarlo.

Ahí, en ese restaurante en el barrio de Wilmington con una cocina pequeñita y solo cinco mesas nació la Birriería Tepechi. “¡Ay pero qué nombre tan ranchero!”, decía Beatriz. “¡Así se va a llamar y así nos van a identificar nuestros paisanos!”, respondía Rigoberto.

Nada hubiera sucedido sin el apoyo de un matrimonio griego que creyó en el sabor de la Birriería Tepechi y el trabajo y la disciplina del matrimonio Castañeda, reconoce Rigoberto agradecido.

Ahora sí, la Birriería Tepechi estaba lista para crecer. Dos años después de ese primer local pequeñito, Rigoberto y Beatriz mudaron su negocio a un restaurante más grande, ya con 20 mesas y hasta con aire acondicionado; estuvo ahí ¡durante 24 años!

Desde 2010 la Birriería Tepechi está en la avenida Santa Fe en Long Beach, una ciudad al sur de Los Ángeles, California. ¿Qué sigue? Rigoberto y Beatriz esperan que sus hijos continúen con el negocio y lo hagan crecer.

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