Consumir frijoles nativos le hará bien a tu cuerpo y al planeta: ¿dónde conseguirlos?

frijoles nativos

En el pasado, en las cocinas de las familias mexicanas siempre había una olla con frijoles calientitos, pero con el paso de los años las alacenas se transformaron y estas maravillas fueron sustituidas por alimentos procesados más rápidos de preparar.

Hoy, 70% de la población mexicana enfrenta obesidad o sobrepeso. Este porcentaje deja ver que algo anda muy mal en los hábitos alimenticios y de cuidado de la salud en nuestro país. Por ello, es hora de recuperar un hábito sencillo, barato, saludable y delicioso que genera impactos positivos en las personas, en la sociedad y en el medio ambiente: la incorporación de frijoles nativos en tu alimentación cotidiana.

México es centro de origen del frijol, una nutritiva leguminosa cultivada desde la época precolombina y diseminada ahora en todo el mundo. De las 150 especies que existen en el planeta, 52 son mexicanas; de éstas, 40 son endémicas, es decir, solo pueden crecer en estas tierras.

Frijol vaquita negro de Tlayacapan, Morelos. Lo vende La Comandanta.

Frijol vaquita negro de Tlayacapan, Morelos. Lo vende La Comandanta.

Con el paso de los años y los cambios a nivel mundial y nacional en los sistemas alimentarios -tanto en la producción-comercialización como en el consumo-, la superficie de siembra de frijol y el consumo de esta leguminosa disminuyeron. Además -dato sorprendente-, aunque México es el país con mayor variedad de frijoles en el mundo ¡los importa principalmente de Estados Unidos! Es decir, los frijoles que te comes no siempre son mexicanos.

Los frijoles son uno de los alimentos básicos más variados y nutritivos que existen y su producción es esencial para el sistema agrícola milenario conocido como milpa, ya que fijan nitrógeno al suelo para otras plantas y se apoya en el maíz al enredarse para poder crecer. 

Aunado a lo anterior, y según estudios de la Universidad Autónoma de Querétaro, se ha demostrado que el consumo de frijoles ayuda a combatir la diabetes y el colesterol alto. Estos son solo algunos argumentos de peso que demuestran la importancia de los frijoles no solo en la alimentación humana, sino en el equilibrio ecosistémico y la biodiversidad.

Frijol sangre de toro de Tlayacapan, Morelos. Lo vende La Comandanta.

Frijol sangre de toro de Tlayacapan, Morelos. Lo vende La Comandanta.

¿Y por qué retomar el consumo de frijoles nativos? Porque así nos aseguramos de que esas enfrijoladas, molletes o cualquier otro platillo que lleve esta maravilla venga de semillas que poseen las y los campesinos bajo sistemas locales de producción.

Como consumidores podemos elegir no comprar frijoles agroindustriales importados o nacionales que con sistemas masivos de producción benefician a grandes empresas y en ocasiones generan daños a la salud personal y ambiental, aparte de sociales, culturales y económicos.

La producción agroindustrial de alimentos suele llevarse a cabo a través de enormes extensiones de monocultivos que para sobrevivir requieren de altas dosis de plaguicidas que contaminan no solo los alimentos y a quienes los consumimos, sino también a las y los productores que los cultivan, al agua, los suelos y el medio ambiente.

Las semillas que utilizan por lo general no son nativas, sino mejoradas artificialmente con lógicas empresariales y económicas de eficiencia para reducir riesgos y costos a las empresas productoras.

Frijol bola amarilla de Tepetlixpa, Estado de México. Lo comercializa el baluarte de frijoles nativos de Slow Food México.

Frijol bola amarilla de Tepetlixpa, Estado de México. Lo comercializa el baluarte de frijoles nativos de Slow Food México.

Las y los productores dejan de ser dueños de sus tierras y de sus semillas y pasan a ser mano de obra barata para la industria agroalimentaria. Los productores abandonan sus tierras y sus cultivos y dejan morir su cultura, sus tradiciones productivas y por supuesto, transforman su alimentación.

Lo anterior puede verse como una novela dramática, sin embargo, la intención es presentar un abanico diverso de algunos de los efectos derivados de la transformación alimenticia, de natural y local a artificial y global.

Si quieres empezar a cambiar tus patrones de consumo debes comenzar a comprar distinto. En vez de ir al pasillo de siempre y en automático echar al carrito la primera bolsa de frijoles que te llama la atención tendrás que preguntarte algunas cosas: ¿qué frijoles serán nacionales?, ¿cuáles importados?, ¿habrá algunos que empaqueten directo de productores locales de pequeña escala?

Verás que no será fácil encontrar respuestas, sobre todo si eres amante o esclavo de los grandes supermercados, sin embargo, empezar a hacerte preguntas y cuestionar al personal de las tiendas poco a poco cambiará todo, ya verás.

Te darás cuenta que ninguna marca comercial de frijoles te informará si el producto es nacional o importado; tampoco te hablará del proceso productivo y jamás encontrarás una leyenda que diga: “este producto fue tratado con agroquímicos”.

Sin embargo, hay opciones saludables y sustentables y, por fortuna, cada vez más, mejores y más accesibles.

Idealmente, la opción más sustentable es que encuentres un mercado local de productores agroecológicos donde puedas comprar directamente sin intermediario alguno.

Frijol rosa crema de Tepetlixpa, Estado de México. Lo comercializa el baluarte de frijoles nativos de Slow Food México.

Frijol rosa crema de Tepetlixpa, Estado de México. Lo comercializa el baluarte de frijoles nativos de Slow Food México.

Con lo anterior te aseguras que tus frijoles vienen directo del productor, puedes platicar con quien produce y hacerle todas las preguntas que te imagines y de paso puedes comprar verduras, lácteos, café y muchos otros productos orgánicos y saludables para tu consumo semanal.

De esta manera no solo cambias tu alimentación, sino que modificas el proceso de comercialización cuando transformas tus elecciones de consumo. Tu dinero se va directo a quien cultiva tus alimentos.

Si no quieres o no puedes cambiar tu rutina para abastecer tu alacena y debes ir al súper busca los frijoles de La Comandanta, un proyecto de comercialización justa y sustentable que busca salvaguardar los frijoles nativos mexicanos y compra directo del productor para acercar a canales de comercialización. Puedes encontrar sus productos en City Market y seguir sus redes sociales, además de compartir información de gran interés en el tema conocerás otros puntos de venta o eventos donde participan.

Otra opción que sí encuentras en todos los supermercados y en las opciones de compra a domicilio son los frijoles Aires de Campo. Aunque la empresa ahora pertenece a una compañía gigante está comprometida con el desarrollo de pequeñas y pequeños productores del país y sus productos son orgánicos, lo cual suma un punto hacia la sustentabilidad, pues te aseguras de consumir alimentos libres de plaguicidas.

Para cerrar con broche de oro, el programa de Slow Food México del baluarte de los frijoles nativos de Tepetlixpa. Junto con la cooperativa Casa Tlalmamatla apoya la comercialización y el consumo de siete frijoles nativos; además fortalece las capacidades productivas de las cooperativas a través de inversiones en aspectos cruciales como el almacenamiento de granos, maquinaria y equipo, preservación de semillas in situ, presentación y envasado. Lo que buscan es que más productores se animen a cultivar este tipo de frijoles y que al mismo tiempo esta actividad sea redituable.  

El problema es enorme pero el reto es sencillo: elegir con conciencia y firmeza lo que nos hace bien y lo que le hace bien al planeta. No hay pretextos para hacerse de la vista gorda y alimentarse mal, dañándose a uno mismo, empobreciendo a los campesinos e intoxicando el entorno. Como bien dijo una gran chef y activista de Brasil, Teresa Corção: “comemos tres veces al día: elijamos bien.”

Valeria Enríquez es promotora apasionada del consumo sustentable y creyente de su potencial para construir círculos virtuosos que transformen el sistema alimentario. La encuentras en Twitter como @ser_sustentable. 

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