“Gracias a todos por venir, el texto de esta noche está traducido del original en sánscrito”, dice un monje de mediana edad con una cálida sonrisa. “Mil disculpas porque solo está disponible en japonés.”
Se para frente a un modesto santuario budista, lleva una túnica de color café y su cabeza está afeitada. Después de distribuir folletos entre casi una docena de personas, se arrodilla y comienza a cantar con voz profunda y solemne, invitando a otros a unirse. Algunos lo hacen, mientras la canción se eleva en un eco incierto. No hablo japonés, pero trato de seguir con voz temblorosa. El sonido se va haciendo cada vez más fuerte, se fusionan todas las voces y se vuelve más constante hasta que muere por completo. Suena una campana y el monje deja reinar al silencio por un momento.
“ Arigatou gozaimashita“. (Muchas gracias)
Luego, el murmullo de la conversación regresa a la pequeña habitación y los clientes vuelven su atención a las bebidas. Otros cuantos se acercan al mostrador, donde el mismo monje que estaba cantando hace un minuto, sirve sake con la misma sonrisa gentil. No estoy en un templo budista, sino en un bar en el barrio de Yotsuya, Tokio. Durante los últimos 17 años, Vowz Bar ha estado sirviendo cócteles con un toque de filosofía budista para quienes desean recibirlo.
Tokio tiene muchos bares y restaurantes temáticos. Si así lo desean, hay quienes pueden cenar en compañía de ninjas, beber orina con jeringas en una prisión espeluznante, vivir Twilight en carne propia con cócteles como el Blood Clot (Coágulo de Sangre) en el Vampire Café, o mirar a chicas hermosas peleando contra cyborgs en el siempre popular Robot Restaurant. Sin embargo, lo que distingue a Vowz Bar, por ejemplo, de una cafetería de búhos en Harajuku o un bar de sirvientas en Shibuya, es que este lugar no es un ardid turístico.
Aunque las palabras “bar y monje” parecen un oxímoron y hasta un tanto sospechosas, el personal —budistas practicantes— se toman muy en serio su misión. Todo el mundo es bienvenido, pero el bar atiende más a los lugareños que a extranjeros curiosos.











