
Disfruta de una gran variedad de Rosca de Reyes y acompáñala con una buena taza de chocolate artesanal y café de especialidad.

Inicia este 2026 con el pie derecho y lánzate al Festival Rosca de Reyes, Café, Cacao y Chocolate Mexicano, el primer evento gastronómico que promete saciar el antojo panadero de todos los asistentes.
La cita es el Huerto Roma Verde los días 3 y 4 de enero en donde podrás disfrutar distintas variedades de roscas, desde las tradicionales, rellenas, de sabores inesperados y hasta opciones veganas.
La entrada es gratuita y podrás asistir de 11:00 a 19:00 horas, además de disfrutar de una buen pedazo de rosca de reyes también encontrarás venta de chocolate caliente y café de especialidad.

Te contamos un poco sobre el significado de la Rosca de Reyes porque puede parecer una tradición muy mexicana —por aquello de acompañar esa buena rebanada de pan con un jarro de chocolate—, cuando en realidad no lo es.
Se trata de un rito pagano que fue cristianizado posteriormente pues, desde épocas inmemoriales, la humanidad celebraba el solsticio de invierno como el nacimiento de la luz.
“Los persas y los egipcios, los fenicios y los sirios, los griegos y los romanos, los mexicanos y los peruanos, los hindúes [sic] y otros pueblos”, de acuerdo con el Diccionario de religiones celebraban el nacimiento de un dios solar —Ra, Mitra, Horus, Baco, Dionisos, Apolo o Zoroastro— nacido de una virgen en la semana del 20 al 25 de diciembre, es decir, la fecha del solsticio de invierno.
Con este motivo, en el Imperio Romano se elaboraban unos panes redondos hechos con miel, nueces, dátiles e higos, en cuyo interior se escondía un haba que daba la fortuna de ser nombrado rey por un día a quien la encontrara en su trozo de pan.

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Años más tarde, la Iglesia Católica cristianizó esas fiestas paganas superponiendo la celebración de la Epifanía; mucho tiempo después, la tradición de la merienda de Reyes fue llevada a España por Felipe V, quien la importó de Francia, pues desde la baja Edad Media se conmemoraba la culminación de las fiestas de Navidad con este rito.
Fue ahí donde, por primera vez, se cubrió el pan con frutas escarchadas y se escondió un pequeño muñeco de porcelana en su interior como representación lúdica del episodio de la huida y el necesario encubrimiento de Jesús para evitar que cayera en manos de Herodes.
De igual forma, se cuenta que cada 6 de enero los judíos comían pan ácimo, en el que escondían un muñeco de barro, y los primeros cristianos cambiaron ese pan por una rosca hecha a base de harina blanca y levadura, endulzada con miel y adornada con frutos del desierto.
Así pues, alrededor del siglo XVII llegó a nuestras tierras la famosa Rosca de Reyes, que en términos estrictos debería llamarse “rosca de magos”, “rosca de sabios” o, en su defecto, “rosca de Oriente”, puesto que resulta que los célebres Reyes Magos no eran reyes; magos sí, pero de realeza, nada.
Mateo es el único que se refiere a ellos en el Nuevo Testamento, describiéndolos como unos magos del Oriente, quienes posiblemente hayan sido sacerdotes medos o persas, estudiosos de la astronomía, la astrología y el significado de los sueños y que curaban y predecían el futuro, aunque Ezequiel los alude como «sabios» en sus profecías del Antiguo Testamento.

De cualquier modo, el estatus real se les dio en la Edad Media, cuando la Iglesia católica estaba en su apogeo, porque en las Escrituras se dice que incluso algunos reyes se postraron ante la presencia del Niño Salvador y, por ello, a partir del siglo XII se les otorgó ese título.
Pero, volviendo a la tradición de la rosca en tierras «mexicas», ésta nos viene de la costumbre española que aún sigue vigente y que es el día más importante de las fiestas para los españoles, en la que la familia en pleno se sienta en torno a un generoso roscón de reyes e intercambia regalos, como en nuestra práctica navideña.
Anteriormente en nuestra tradición, como en la de ellos hasta la fecha, si un niño encontraba el muñequito, se le llenaba de golosinas, y si lo hacía un adulto, se le coronaba rey, se le hacía compadre del dueño de la casa y se le daba el nombramiento de padrino del Niño Jesús.