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El chef Paolo Della Corte da los últimos toques a un platillo del menú VIP. // Foto: Animal Gourmet.

Descubriendo el sabor de Los Cabos

Por Animal Gourmet

Por una tarde, los palos se quedaron en la bolsa y se taparon los 18 hoyos del club de golf Campestre San José del Cabo para dar lugar a medio centenar de chefs reconocidos, a 14 productoras de vino mexicano y a casi un millar de personas que con un plato en mano, y una copa en el otro, recorrieron cada uno los stands de los restaurantes, hoteles y empresas de catering más importantes de la ciudad.

El escenario de Sabor a Cabo y de fondo el Mar de Cortés. // Foto: Animal Gourmet.

El escenario de Sabor a Cabo y de fondo el Mar de Cortés. // Foto: Animal Gourmet.

No hay plazo que no se cumpla, ni fecha que no llegue. Y ninguna tan esperada en Baja California Sur como el 1 de diciembre, día de Sabor a Cabo, el festival gastronómico internacional de Los Cabos.

Primero la vuelta de reconocimiento. A la izquierda, en la carpa del restaurante Edith’s, un jugoso cerdo rotaba calientito sobre un camastro de carbón, y poco a poco era cobijado por una crujiente capa de cuero achicharrado. La fila era enorme pero el truco era simple: primero pasar al stand a la derecha donde servían tacos de pescado y trozos de langosta frita para soportar el tortuoso camino hacia el milagroso puerco asado.

Apenas unos pasos y estabas en otro lado del mundo. Con la característica delicadeza oriental del restaurante Nick-San, un par de chefs armaban rollos de sushi. Cada movimiento de su mano era un corte y lo comensales felices tomaban una porción para después remojarla en los aderezos y llevarlos a la boca.

Pasados unos minutos, lo prudente era sentarse, reposar un poco y pedir un agua o una copa de vino, de las más de 90 etiquetas presentes, para bajar la comida sin tener que dar brincos en el césped del campo de golf. Con 10 minutos de descanso, había que prepararse pues aún quedaban muchos platillos por delante.

Cuando hay tanto de donde comer, y todo tan rico, la carrera se vuelve de resistencia, no de velocidad.

Había para todos los gustos; de mariscos a jamón bellotero y paninis con parmesano. // Foto: Animal Gourmet.

Había para todos los gustos; de mariscos a jamón bellotero y paninis con parmesano. // Foto: Animal Gourmet.

La temperatura disminuía pero no el ánimo. Después de descansar un poco había que apretar el paso y aflojar el cinturón para continuar con la comilona a pesar del viento: había que comer rápido para que no se enfriaran los raviolis de champiñones con aceite de trufa o el pulpo mediterráneo preparado por Sunset Da Mona Lisa, entre otras especialidades de la cocina italiana que ofrecían a mexicanos y extranjeros.

Directo desde Las Vegas, el DJ Roman Rosati le ponía ritmo a la noche con los beats cadenciosos del house que sonaban en la punta de México. Sin embargo la pista aún no era concurrida; los asistentes preferían danzar entre las mesas y los stands.

1, 2, 3, 4 y 1, 2, 3, 4; al terminar el compás, los asistentes daban la vuelta para cambiar de carpas. Así iban de La Forcetta al de 12 Tribus; de Casa Madero a Monte Xanic y de nuevo. Siempre siguiendo el paso para dar bocado y sorbo.

El chef Paolo Della Corte da los últimos toques a un platillo del menú VIP. // Foto: Animal Gourmet.

El chef Paolo Della Corte da los últimos toques a un platillo del menú VIP. // Foto: Animal Gourmet.

En el ojo del huracán estaban los VIP, las personas muy importantes que habían pagado un boleto de mil dólares por el menú elaborado explícitamente para la ocasión por un selecto grupo de chefs invitados y ganadores de estrellas Michelin: Makato Okamoto, Manuel Arredondo, Ángel Carbajal, Salvatore Messina y Paolo Della Corte.

Para aquellos invitados, los del pedestal y las mesas sofisticadas, hubo pato con couscous y reducción de oporto, entrada de noodles con foie y un postre de pera, en diversas texturas. Un menú que, por cierto, fue sorpresa para los comensales.

Si bien Los Cabos están en la costa, su clima no deja de ser desértico pero nunca falta el visitante despistado que lo olvida y a las 7 de la noche siente frío, pues la temperatura desciende. No así las mujeres que, sabiéndose el centro de las miradas, mantenían la espalda descubierta y la coquetería.

Los sabores de mar local no podían faltar: shots de ceviche, langosta, ostiones, atún. Todo nadaba unas horas antes, fresco, y con ese aroma a oceáno que te hace sentir tirado en la playa una tarde con una cerveza fría.

Ya entrada la noche, los casi mil asistentes seguían comiendo. // Fotos: Animal Gourmet.

Ya entrada la noche, los casi mil asistentes seguían comiendo. // Fotos: Animal Gourmet.

Después de tanta comida es difícil decir cual es el Sabor a Cabo y no porque ingerir tantos alimentos pueda hacer que se te dificulte respirar, sino que posiblemente no hay uno solo. El sabor de Los Cabos es una sinergia de todos los elementos e ingredientes que las personas que llegan se quedan enamoradas del lugar y deciden no abandonarlo. Más alla de las cocinas y de los grandes chefs que auí se encuentran, los gustos son aquellos de hospitalidad y generosidad con los visitantes.

Los Cabos saben al taxista oaxaqueño que llegó desde joven y se enamoró; tienen el gusto del hotelero español que tocó puerto de niño y que pronto será padre de un “choyero” -como se autodenominan los cabeños-. Ese es el sabor de Los Cabos y en ningún lugar se puede replicar.