La historia de la fama (y la canasta) de un Chianti
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Los Chianti están entre los vinos más populares producidos en Italia y para muchos paladares son los mejores. Hoy, con una estupenda reputación –aunque con altibajos en el camino-, solo el 6% del vino que se produce en este país es de la Toscana, una de las 20 regiones oficiales italianas en la parte central.

La región Toscana está dividida en dos áreas principales: desde el Mediterráneo, la parte costera de clima cálido y soleado –de pueblos como Montepulciano y Montalcino-, y la parte interior y montañosa con mayor altitud donde se encuentra la famosa región de Chianti.

Cada año se producen alrededor de 360 millones de botellas de vino en la Toscana. ¿Por qué esta región y sus caldos son tan famosos?

La fama obedece no solo a la fruta y sus productores, sino también a cierto componente histórico. No olvidemos que la Toscana fue la cuna del Renacimiento, la tierra de Leonardo da Vinci y de la familia Medici, todos ellos famosos mundialmente.

Pero, ¿y los vinos? Expertos en el tema señalan que al terminar la Segunda Guerra Mundial comenzó una nueva ola de restaurantes italianos en todo el mundo y los vinos de Chianti proliferaron con aquella botella distintiva que reposaba sobre una cesta de paja tejida.

La historia del tejido de paja tiene origen en la necesidad de proteger la botella para resistir viajes y largas distancias sin tener que invertir en una botella de vidrio más sólido y por ende, más caro.

Por diversas razones estas botellas comenzaron a ser relacionadas con vinos de mediana calidad y con el evidente juego de palabras en italiano. A la botella característica de Chianti se le denominaba “fiasco”, palabra que, literalmente, significa fracaso o decepción.

Por esta razón, pero también por la increíble calidad de muchos de sus vinos, la región comenzó a privilegiar el uso de botellas resistentes, eliminar el mimbre y a posicionarse en el gusto de conocedores en todo el mundo.

Ahora bien, ¿qué es un vino supertoscano? Esta característica se le otorga a los vinos que han decidido no respetar los requisitos vinícolas para la producción de vinos Chianti tradicionales. Son vinos más novedosos, más arriesgados y que decidieron incluir en sus mezclas varietales que no son locales –de Burdeos, principalmente-.

Esta ola de rebeldía comenzó con el conocido productor de los vinos Tignanello, Piero Antinori, quien introdujo en los años 70 la varietal Cabernet Sauvignon a sus propuestas. Muy pronto, el famoso crítico Robert Parker se convirtió en uno de los grandes defensores de este novedoso estilo de vinos italianos.

Definitivamente son vinos que hay que probar –y trabajar duro para hacerlo, en muchas ocasiones-. Algunos son el Sassicaia, quizá el más deseado de los supertoscanos, el Tignanello, Solaia, Messorio –elaborado solamente a partir de uva merlot-.

Algunos definen a los supertoscanos como una mezcla entre cabernet sauvignon y otras varietales; unos más los definen como los disruptivos del sistema tradicional de aquella región italiana de Chianti y otros los ubican como vinos especialmente caros.

Creo que las tres definiciones tienen un poco de verdad, pero sin duda hay que conocerlos y probar lo que aquellas colinas toscanas nos tienen que contar.