En distintas ciudades de México venden carne de caballo etiquetada como carne de res
Animal Gourmet

Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México encontraron carne de caballo presente en muestras crudas y cocidas vendidas como carne de res o etiquetadas de manera imprecisa en carnicerías, mercados y puntos de venta informales como tianguis en seis ciudades mexicanas.

Lo grave de esta situación no es el comercio del caballo como tal, sino cómo se está llevando a cabo, pues hay un problema de trazabilidad y efectos negativos sobre la salud a consecuencia del consumo de caballos no criados para este propósito, además de la crueldad que sufren por parte de la industria.

El estudio, encargado por Humane Society International, únicamente analizó muestras para detectar la presencia de clembuterol, pero no descartan la presencia de otras sustancias tóxicas. El clembuterol es un medicamento veterinario prescrito comúnmente para caballos y no está aprobado para animales de consumo humano, por lo tanto puede resultar dañino.

Los investigadores recolectaron muestras en las siguientes ciudades: Aguascalientes, Zacatecas, Chihuahua, Ciudad de México, Pachuca y San Vicente Chicoloapan. Analizaron 433 muestras de carne cocinada y cruda, y encuestaron a 339 vendedores. Más de 40 de las muestras recolectadas arrojaron resultados positivos de carne de caballo. Los investigadores también analizaron la presencia de clembuterol en 29 de las muestras que resultaron positivas para carne de caballo (solo la carne cruda pudo analizarse para clembuterol) y encontraron concentraciones significativas de esta sustancia.

Además, de los 339 vendedores encuestados, la mayoría no querían vender carne de caballo y no estaban al tanto de la presencia de carne de caballo en los productos cárnicos que vendían.

Datos de Humane Society International indican que México es el segundo mayor productor de carne de caballo en el mundo, después de China. Según la Secretaría de Economía, en 2015 México exportó casi 3.000 toneladas de carne de caballo por valor de casi $ 9 millones de dólares, principalmente a Vietnam y Rusia.

Muchos de los caballos sacrificados en México son importados desde Estados Unidos, donde los rastros de caballos han estado cerrados desde 2007 a raíz de que se retiraron los fondos para las inspecciones de las plantas por parte del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos.

“Un 87 por ciento de los caballos que se matan en rastros de México provienen de Estados Unidos y el resto son mexicanos, pero ni en EU ni aquí se crían para ser consumidos y eso supone riesgos a la salud pública puesto que reciben a lo largo de su vida una serie de sustancias (medicinas veterinarias) que están expresamente prohibidas en las regulaciones de toxicidad de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa)”, respondió en una entrevista Antón Aguilar, director ejecutivo de HSI México.

En la misma entrevista, Antón Aguilar explica que en México hay un problema de trazabilidad que no permite saber qué sustancias recibieron los caballos en Estados Unidos. “De este modo, los caballos escapan a cualquier regulación sanitaria: no hay registros médicos de por vida de los animales, por lo que su carne puede contener residuos de substancias prohibidas para el consumo humano”, comenta.

Esta falta de inspección llevó a la Unión Europea a suspender  la importación de carne de caballo desde México, el el año 2014, y Suiza siguió sus pasos rechazando la importación.