Una miel como ninguna otra: la de abejas meliponas o sin aguijón
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Una miel como ninguna otra: la de abejas meliponas o sin aguijón

miel de abeja

La selva maya alberga uno de los animalitos más interesantes y fundamentales para México, su ecosistema y la supervivencia de pueblos yucatecos: las abejas meliponas o sin aguijón.

Estas abejas poblaban el centro-sur de nuestro país y llegaban hasta Costa Rica, pero por diversas causas ahora solo se concentran en la península de Yucatán, explica la meliponicultora Minelia Xiu Canché.

Aunque la mayoría de la miel que se consume en México y a nivel mundial proviene de otra especie de abeja llamada apis mellifera, las meliponas también la producen y es deliciosa.

La miel de Yucatán

La miel de abeja melipona fue un ingrediente fundamental y muy preciado para los mayas, tanto, que en algún momento sirvió de intercambio económico en Mesoamérica.

Slow Food México explica que esta miel es utilizada desde la época prehispánica dentro de la medicina tradicional indígena y fue el único edulcorante que existió en la cultura maya.

Era tan importante para esta civilización que tenía un dios guardián de meliponas llamado Ah Mucen Kab y existen registros de su uso en códices y libros de la época colonial.

¿Y en qué se diferencia de la miel común?

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Canché explica que las meliponas pueden absorber mucho más las propiedades de las plantas, a diferencia de otras especies.

Además, esta miel tiene más contenido de fructosa que de glucosa. La fructosa es un azúcar natural muy presente en frutas y verduras que el organismo absorbe muy rápido.

También cuenta con propiedades bacteriológicas muy fuertes que atacan principalmente a la e.coli.

En comunidades mayas esta miel aún es utilizada para tratar afecciones de ojos, oídos, problemas respiratorios, digestivos, de la piel y las mujeres la consumen después del parto.

“No es solo lo que nos dijeron nuestros abuelos. La ciencia ya comprobó los beneficios de esta miel”, dice orgullosa Minelia.

Otra diferencia es la producción.

Minelia Canché explica que la producción de la miel de melipona es anual.

Cada año, alrededor de febrero, marzo y abril, se dan las conocidas “mieladas” en Yucatán, algo así como las vendimias pero de la miel.

Actualmente, la miel de abeja melipona de la especie becheii se trabaja por 38 productores con el apoyo de la Escuela de Agricultura Ecológica U Yits Ka’an en los municipios de Maní, Yaxcaba y Mama, en Yucatán.

Los productores han construido meliponarios de manera tradicional y reproducen sus abejas en cajas de madera o jobones.

Hoy, la miel de estas abejitas son parte de los baluartes de Slow Food México, organización que impulsa y apoya a los productores a envasar y etiquetar sus mieles para poder competir en el mercado.

miel de abeja

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La miel de Puebla

Más al centro de México, específicamente en Cuetzalan, Puebla, también viven y se reproducen abejas sin aguijón pero de la especie pisilnekmej.

Esta abeja melipona es parte importante del sistema de producción tradicional de alimentos en esta región y, además, fuente de ingresos de 140 meliponicultores en 18 comunidades de Cuetzalan.

Para preservar y dignificar este trabajo, la organización Tosepan ha coordinado el trabajo de un grupo de productores que enseñan a los jóvenes el arte de la meliponicultura.

Esta miel también es baluarte de Slow Food México.

Un pequeño problema

“La producción de miel melipona no es reconocida en México ni el mundo como una actividad generadora de ingresos”, explica Minelia Xiu Canché. “Eso nos quita fuerzas a nosotros los pueblos indígenas que estamos haciendo de la meliponicultura una actividad comercial, además de ser una forma de salvaguardar nuestro patrimonio cultural y natural”.

El Códex Alimentarius de la FAO establece que la miel es la “sustancia dulce natural producida por la apis mellifera a partir del néctar de las plantas”, pero en ningún momento menciona a las meliponas.

¿Lo malo? Como esta miel no está considerada en esta compilación de normas internacionales, las comunidades productoras no pueden exportar sus mieles a ningún lado.

Este código es de suma importancia, pues “se creó para proteger la salud de los consumidores, garantizar comportamientos correctos en el mercado internacional de los alimentos y coordinar todos los trabajos internacionales sobre normas alimentarias”, se lee en el sitio web de la FAO.

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