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Los vinos chilenos y su tierra fértil

Por Érika Choperena

La viticultura se ha desarrollado como un arte en todo el mundo pero sin duda existen países que gracias a su tierra fértil para la vid tienen resultados extraordinarios, es el caso de los vinos chilenos.

El consumo per cápita de este fermento al año en Chile es de 14 litros, mientras que el de Estados Unidos -el mayor consumidor en el mundo- es de 33. Para darnos una idea de lo importante de estas cifras tomemos en cuenta que México, a pesar de su crecimiento en la industria, alcanza apenas un litro al año.

La historia de los vinos chilenos

Hablar de ellos involucra hacer comparaciones en donde se toman en cuenta aspectos como el tipo, precio y calidad. 

En México hay botellas de vino chileno en las tiendas de conveniencia y supermercados a precios accesibles; algunos apenas superan los 100 pesos pero esto no significa que sean de mala calidad. De hecho, sommeliers reconocidos mencionan que “el mejor vino es el que más te gusta”.

Sin embargo, existen ciertas características que los expertos toman en cuenta para diferenciar una buena botella como el equilibrio, la profundidad o el carácter. Por fortuna, en el catálogo de vinos chilenos hay de todo.

La historia de su elaboración en este país se remonta a la época de la Colonia; los europeos recién llegados trajeron vides a América para tratar de promover el cultivo y así poder continuar con la tradición de elaborarlo pero sobre todo seguir bebiéndolo. 

Gracias a que la siembra de uva fue exitosa por el suelo, la altura y el clima, la tradición de vinos chilenos inició y continuó a lo largo del tiempo. Debido a esto, las técnicas se han perfeccionado para lograr etiquetas sobresalientes y así obtener vino de calidad.

A pesar de esto no fue sino hasta el siglo XIX que su producción comenzó a ser regular en tiempo y forma; después, en el siglo XX el enfoque en la calidad de la bebida permeó a los productores motivándolos a buscar cada vez mejores etiquetas.

Las regiones, la calidad y el precio

Actualmente la mayor producción recae en vinos tintos y blancos. Entre los tipos de uva que siembran en Chile están la Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir, Syrah, Chardonnay, Gewürztraminer, Sauvignon Blanc, Semillon, Viognier y Carmenèré.

Esta última la consideraron durante un tiempo como la uva insignia chilena debido a que la cepa sobrevivió al ataque de la filoxera -una enfermedad de la vid- a nivel mundial. 

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La plaga fue tan fuerte que Carmenèré se consideró extinta hasta el año de 1990 cuando enólogos franceses descubrieron que en Chile esta cepa aún existía. Actualmente se puede encontrar también en Estados Unidos, Argentina, Croacia e Italia; bodegas como Viña Tarapaca o Carmen tienen entre sus etiquetas insignia vinos hechos a partir de esta especie.

En el año 2018, en el Congreso Mundial de la Viña y el Vino celebrado en Ginebra, Suiza, las cifras oficiales colocaron a Chile como el cuarto exportador de vino a nivel mundial. 

Un dato interesante es que cada año desde el 2000 su producción crece un 1% mientras que la superficie de viñedos disminuye en -3%. Esto significa que las técnicas vitivinícolas han mejorado a tal grado que el rendimiento aumenta en menor superficie sembrada.

Si te preguntas por qué los vinos chilenos pueden tener un abanico tan amplio de precios no tenemos que remitir a su volumen de producción. Este país tiene 212 mil hectáreas destinadas para la siembra de vides mientras que México cuenta apenas con poco más de 30 mil.

El 70% de uvas producidas en Chile se destinan a la producción de vino. Sus viñedos más reconocidos se encuentran en el centro del país y son: Valle de Limarí, Maipo, Maule, Curicó, Rapel, Aconcagua, Colchagua y Casablanca. 

Estos viñedos se encuentran en sus seis grandes regiones vitivinícolas que son Atacama, Coquimbo, Aconcagua, Valle Central, Sur y Austral. La importancia de los vinos chilenos es tan grande que instauraron el 4 de septiembre como el Día Nacional del Vino.