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Foto: Canva.

¡Azúúúcar! El origen de las calaveritas para el Día de Muertos

Por Animal Gourmet

México se llena de calaveritas durante octubre y noviembre. Son quizá los elementos más representativos de la ofrenda en honor a las personas difuntas, además del pan de muerto, las velas y el papel picado, y se colocan en las casas y panteones durante la fiesta de muertos, el 1 y 2 de noviembre. Las más comunes son las calaveritas de azúcar, aunque también las hay de chocolate, amaranto y hasta de masa de galleta.

Debido a que son coloridas, bonitas y hasta jocosas, algunas personas suponen que las calaveritas son la forma que tenemos en México de “burlarnos” de la muerte. Sin embargo, no es así; no se trata de algo morboso sino de rendirle culto a nuestras antepasadas. Pero, ¿desde cuándo tenemos la costumbre de hacer calaveritas de azúcar para celebrar el Día de Muertos? Te contamos.

El origen de las calaveritas de azúcar

Varios cronistas, tanto españoles como indígenas, registraron en sus relatos la costumbre que tenían los mexicas de construir un tzompantli en honor a las personas difuntas. El tzompantli era una especie de altar o pared que, según describe el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, los aztecas “construían con cráneos, muchos de ellos pertenecientes a sus enemigos capturados, sacrificados y decapitados, como una advertencia de su poderío; otros pertenecientes a las personas que se habían sacrificado en diversas ceremonias o incluso durante los juegos de pelota”.

Recordemos que los mexicas y otros pueblos mesoamericanos consideraban que la muerte era sólo un paso a otro nivel de vida, no el fin de esta y por eso los rituales en honor a las personas fallecidas, como una pared llena de cráneos, eran tan comunes. La manera de morir era un factor fundamental para el destino que le deparaba a la esencia de la persona fallecida. Había cuatro destinos, según Matos Moctezuma: “Sabemos que la manera de morir era factor fundamental para el destino que se deparaba a la esencia del difunto. Estos destinos eran cuatro lugares. El primero, conocido como la casa o cielo del sol, estaba destinado a los guerreros muertos en combate o capturados para el sacrificio, así como a las mujeres muertas durante el proceso del primer parto, mismo que se consideraba un combate y por lo tanto a estas mujeres se les tenía como mujeres valientes, como guerreras. El Tlalocan, lugar de constante verano donde las plantas siempre estaban verdes, se destinaba a todos aquellos que morían en relación con el agua. El Mictlan era el sitio adonde iban los que morían de cualquier otra forma de muerte no asociada a la guerra ni al agua. En el Chichihualcuauhco, donde residían los niños muertos prematuramente, un árbol nodriza amamantaba a éstos hasta que se les destinaba a volver a nacer.”.

Esta es la historia más aceptada sobre el origen de las calaveritas de azúcar: que provienen de la necesidad de seguir haciendo el tzompantli durante la Conquista, después de que los conquistadores erradicaron la costumbre por no considerarla afín a las creencias católicas. Entonces, los cráneos de verdad fueron sustituidos por cráneos dulces hechos con la técnica del alfeñique, traída por los españoles desde el Viejo Mundo.

Foto: Canva.

La tradición del alfeñique

Aunque a México llegó gracias a España, la técnica del alfeñique proviene de la cultura árabe. Es una forma de hacer dulces con diferentes formas a partir de una masa moldeable hecha de azúcar, agua caliente, clara de huevo y limón. Con esta técnica no sólo se hacen las calaveritas de azúcar sino también ataúdes, tumbas, calacas, Catrinas y otras figuras típicas de Día de Muertos.

En México se hace, de forma tradicional, desde al menos 1630, cuando se le otorgó a Toluca el primer registro para la venta de esta artesanía, según lo cuenta el Museo del Alfeñique, en la misma localidad. 

Por cierto, si quieres comprar calaveritas de azúcar y otras figuras de alfeñique, lánzate a la Feria del Alfeñique en Toluca, que está desde el 4 de octubre y hasta el 6 de noviembre, con productores tradicionales que tienen décadas dedicados a esta artesanía. Además, habrá talleres para que decores tu propia calaverita y te unas a la celebración de la muerte colorida.