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Pastes hidalguenses: el antojito de mineros y futbolistas

Por Paloma García Castillejos

Los pastes hidalguenses, la minería y el fútbol son tres conceptos que parecieran ser mundos diferentes. ¿Lo que los une? La maravillosa tierra de Real del Monte, sus tradiciones y los sabores que lo hacen único.

A media hora de Pachuca hay una zona que siempre ha sido valiosa para la historia. Comenzó siendo el paso de las comunidades huastecas hasta Tenochtitlan; posteriormente fue explotada por la enorme cantidad de metales y en el siglo XIX se volvió una región donde los ingleses hicieron lo propio con la industria minera.

Para recordar sus tierras, estos ingleses trajeron muchas cosas que hoy Hidalgo abraza como propio, dos de los más importantes son el amor al fútbol y el segundo es la forma de cocinar.

Pastes hidalguenses: una herencia británica

La tierra de la región donde se ubica Pachuca es muy rica y no sólo en ingredientes o vegetales. En la época de la colonia, fue un gran epicentro para la extracción de metales valiosos como la plata.

La independencia de México trajo consigo varios cambios en el modelo económico y la minería de esta región sufrió algunos cambios. Con la entrada de Porfirio Díaz, la inversión extranjera permitió que pudiera reactivarse, una vez más, esta actividad.

Los ingleses llegaron específicamente al área de Pachuca a mediados del siglo XIX. Con ellos, trajeron dos de las cosas que más extrañaban de su lejana tierra: el fútbol y su gastronomía.

El cornish pasty es una de las millares de interpretaciones de empanadas que existen en el mundo y se prepara justmaente en Gran Bretaña.

Tienen una peculiaridad: después de que la masa está lista para rellenar, los ingredientes que le dan sabor se colocan en crudo para que todo se cocine junto.

De igual manera sucede con la versión pachuqueña: carnita molida de res, papa, nabo, y especias conforman la receta tradicional, esa que a los ingleses les sabía a casa. 

Entre cascaritas de fútbol y bajadas a la mina, comer pastes hidalguenses era -y sigue siendo- realmente práctico; resulta un alimento tan versátil y fácil de transportar que no se hicieron esperar las tropicalizaciones y el hojaldre recibe toda suerte de guisados.

De chile, de mole y de dulce

La tradición gastronómica hidalguense es tan variada que los pastes permanecen arraigados en su región. Esto da juego a que se puedan rellenar de platillos endémicos como el mole rojo que se prepara ahí mismo o también ponerles arroz con leche.

La masa que da cuerpo a los pastes hidalguenses originalmente es hojaldrada; eso nos habla de un sabor intenso a mantequilla, textura laminada y un toque de equilibrio entre dulce y salado. Siempre serán horneados, nunca fritos.

Es tan grande el amor de los pachuqueños por su platillo que incluso existe un museo dedicado a él en Real del Monte, una de las comunidades mineras de la región. Es una comida callejera: de esas delicias que se encuentra en cada esquina.

Hay de todas las variedades, desde los que tienen la receta original hasta innovaciones como queso de cabra y frutos rojos.

Una forma de distinguir un paste de una empanada a simple vista es por la trenza que la embellece en la orilla; asegúrate de que esté doradita y prepárate para la emoción de dar una mordida.

Dos lugares para comer los más ricos en CDMX

Aunque no son muchos los lugares en la CDMX donde se pueda comer un paste como Dios manda, hay algunas joyitas que nos acercan a esos mineros que en sus ratos libres jugaban fútbol y comían como en su tierra.

Pastes Polanco

Dirección: Prolongación Moliere esquina con, Av. Río San Joaquín local 8, Amp Popo.

Facebook: Pastes Polanco

El bueno: manzana canela y mole

Pastes y empanadas Tony’s

Dirección: Lisboa 22, Juárez, Cuauhtémoc

Facebook: Pastes Tony

El bueno: el minero (la receta tradicional de picadillo)