
Conoce la historia de uno de los panes dulces más emblemáticos de la humanidad, el legendario pastel de Belém, la delicia portuguesa.

Su nombre oficial, pastel de Belém, su nombre genérico, pasteles de nata. Este es el pan dulce más rico de la temporada, un panecillo que se come a todas horas y posee una historia sin igual.
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Nombrado por Taste Atlas en el 2026 como el mejor pan dulce del mundo, el pastel de Belém es una de las grandes especialidades de la cocina portuguesa.

También llamado como “pastel de nata”, es un dulce panecillo parecidos a un muffin.
Estas tartaletas hechas con pasta hojaldre y crema de huevo, son parte fundamental del legado culinario de Portugal.
La crema está hecha de yema de huevo, leche, canela y azúcar que al ser horneada se convierte en una especie de flan suave y ligero. Se pueden comer tanto frío como caliente.
Generalmente se acompaña por la mañana de una bica (espresso corto) o bien en la noche de un galão (café con leche). Es un postre perfecto pues da el cierre dulce, pero no tanto, a una comida completa.
Más allá de su cautivador sabor, su origen es una clara referencia a la historia del país y su legado cultural para el mundo.
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Los Pastéis de Belém fueron creados en el barrio de Belém (donde obtiene su nombre original) en Lisboa, allá en el siglo XVIII. Elaborados por monjes católicos del Monasterio de los Jerónimos, son símbolo de excelencia portuguesa.
Este pequeño pan dulce nació como un postre de convento, pocas personas lo conocían, pues se preparaba en ocasiones especiales y solo internamente.
Pero tras la Revolución Liberal, muchos monasterios, conventos y más organizaciones religiosas perdieron credibilidad en Portugal, por lo que varios cerraron o quedaron desprotegidos económicamente.

Fue así que tuvieron que abrirse a crear nuevas formas de generar recursos, por lo que salieron a vender muchas de sus delicias para subsistir, destacando el pastel de nata.
En 1837, la receta original fue vendida a Domingos Rafael Alves, quien creó un negocio familiar que al día de hoy sigue funcionando en Lisboa.
“Pastéis de Belém” se convirtió en la gran referencia en la elaboración de estos panecillos. Actualmente la pastelería produce casi 50 mil tartaletas al día.

Los pasteles de nata se componen de una base de pasta hojaldre que contiene una crema de huevo, la cual se hace batiendo leche, azúcar, harina, yema de huevo, cáscara de limón y canela.
Después de hornear las bases para que queden firmes, se rellena de la crema que se hornea a 250°C por al menos 15 minutos.
La corteza queda dorada y crujiente, mientras que la crema queda bien caramelizada. Es pan dulce con diversas texturas que se complementan bien.
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El pastel de nata define a la cocina portuguesa, pues resume buena parte de la identidad cultural del país. Un país donde la sencillez, precisión y respeto por la tradición es bien premiado.
No por nada, el pastel de Belém es en este 2026, el mejor pan dulce del planeta.