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Los secretos de una tabla de quesos perfecta

Por Paloma García

¿Te tocó llevar la botana y no te quieres romper la cabeza? Quizás una tabla de quesos te saque del apuro pues no hay nada como crear una verdadera experiencia sensorial acompañado de un buen vino y algo de pan.

Aunque puedes armarla a tu gusto, hay algunos tips para que luzcan con todo el esplendor. Las variedades son casi infinitas y puedes jugar con ellas para que el aperitivo sea todo un éxito.

En países como Francia lo quesos van justo antes de postre para limpiar el paladar pero también son perfectos para romper el hielo en un aperitivo o incluso una cena romántica.

La estrella de la tabla de quesos

Te recomendamos en primer lugar que elijas quesos distintos para que haya más posibilidades de crear diferentes experiencias; eso sí, procura no poner más de seis variedades.

Acomódalos por tonalidades: los quesos más frescos serán blancos, los madurados irán subiendo a amarillos más intensos acorde al tiempo que tomaron para estar listos.

Este truco servirá también a la hora de probarlos: comienza con los más claros pues el sabor es más sutil y si lo haces a la inversa no te van a saber a nada. 

No sirvas tu tabla de quesos fría, lo mejor es que todos estén a temperatura ambiente. Además de que será más fácil cortarlos, su sabor será mucho mejor así que sácalos del refri 15 minutos antes de montarla.

En orden saben mejor

tabla de quesos

Buenas opciones de queso fresco pueden ser el quesillo de Oaxaca, el panela o bien un mozzarella. Se distinguen por ser cremosos y van muy bien con vinos blancos.

No se te olvide poner alguna variedad ahumada como el provolone. Este queso italiano es de leche de vaca y sus notas a leña hacen magia con una copa de tinto joven.

¿Se te antoja algo más fuerte? Van muy bien los de pasta blanda con ojos (es decir, hoyitos en el medio). La característica de sabor es que tienen una ligera acidez por la fermentación láctica y son perfectos sobre una rebanada de baguette, una conserva de frutas y un vinito tinto con crianza.

Los de pasta dura son un básico del mundo de los madurados y el más popular es el Manchego de leche de oveja. Se parten en triángulos delgados para percibir mejor los sabores y van excelente con un tinto crianza.

¿Sabías que lo verde en el queso Roquefort o Gorgonzola es un hongo? Aunque suene asqueroso, son bacterias buenas que se añaden de forma controlada para aportar sabores muy fuertes a la pasta de leche. Éstos déjalos al final pues son de sabores muy intensos.

Los utensilios

Te recomendamos tener por lo menos dos cuchillos y presentar las piezas de queso enteras para que no se resequen.

Los utensilios que tienen orificios en la hoja de cuchillo son muy buenos pues éstos ayudan a que el queso no se quede pegado ni se rompa a la hora de partirlo.

Si optas por poner una variedad muy cremosa -como el de cabra fresco- lo mejor será cortar con un hilo para tener rebanadas perfectas. Un cuchillo para untar también es una gran opción.

El que tiene forma de pala y una rebanadora en la parte cercana al mango es muy bueno para cortar quesos de pasta firme como el Manchego.

rebanador de tabla de quesos

En compañía todo sabe mejor

Definitivamente todo sabe mucho mejor con algunos complementos que además hacen que las tablas de quesos luzcan espectaculares. Estamos hablando de frutos, nueces, conservas, pan y miel.

Todo esto ayudará a que los sabores del queso se complementen acorde a sus características. 

Las frutas

Para lidiar con los "ataques de hambre" los nutricionistas sugieren tener a mano opciones como uvas pasas, albaricoques o damascos secos, dátiles, nueces de Brasil y fruta deshidratada.

Por definición, una buena tabla de quesos no está completa sin un racimo de uvas que además la hace lucir de gala. Puedes usar rojas o blancas aunque siempre es un gran detalle que las que elijas no tengan hueso.

Anímate a completar con variedades deshidratadas: orejones de manzana, chabacanos, pasas o arándanos.

Si quieres más frutita fresca los higos son maravillosos por tener un sabor sutil y muy floral. Otra buena opción son las fresas y los frutos rojos cuya acidez va excelente con quesos como el Brie o el Camembert.

Frutos secos

Para las nueces y frutos secos echa a volar tu antojo pues casi todos van excelente con cualquier queso. Algo muy lucidor es poner pistaches, nueces de la india y macadamias, aunque no discriminamos a ninguno.

Si eres fan del dulce recurre a las nueces garapiñadas, no puedes imaginarte el maravilloso contraste que hacen cuando las combinas con quesos como el roquefort.

Conservas

Imagínate una rebanada crujiente de pan con un queso Gruyére y un poco de mermelada de tu fruta favorita. Para rematar, una copa de vino tinto. Suena bien ¿no crees?

Las conservas son ese toque dulce que le falta a algunos quesos para tener todos los sabores en un solo bocado. 

Se nos antoja una de naranja o higo, también se antoja poner algo con frutos rojos. Si le vas a los sabores especiados puedes recurrir a los chutneys con estas recetas.

La miel es increíble para acompañar quesos madurados como el Manchego. Prueba prepararte un ‘montadito’ con esta variedad, nueces pecanas y un chorrito. ¡La gloria pura!

El pan: casi igual de importante que el queso

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Igual que pasa con los quesos, las variedades de pan son casi infinitas así que déjate llevar por el más aromático.

De cajón no pueden faltar unas rebanadas delgadas de baguette; te recomendamos tostarlas para que el factor crujiente se haga presente.

Las galletas saladas también son casi obligatorias. Más aún cuando tengas quesos cremosos que puedas untar sobre ellas y coronar con alguna conserva.

Si te gustan las variedades de pan con especias para tu tabla de quesos opta por una focaccia con romero o un pan de campiña horneado con hierbas de olor. ¡Espectacular!

Ahora sí, abre tu botella de vino y disfruta del viaje gastronómico en una sola tabla de quesos.