Los vinos de Ampurdán: entre la montaña y el mar - Animal Gourmet
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El Empordá (en catalán) o Ampurdán (castellano) toma su nombre de Empúries o Ampurias, caso único en la península ibérica de convivencia de una ciudad griega, primero, y posteriormente romana. Fue aquí donde desembarcaron tanto unos como otros, y a partir del año 218 aC. la romanización impuso los vinos itálicos en el gran comercio marítimo mediterráneo.

Los romanos crearon ciudades para instalar sus gobiernos locales en Empúries, Girona, Blanes y otros enclaves, y en el ámbito rural fundaron villas con una pequeña zona urbana y una extensa explotación agrícola. Algunas de estas villas romanas se especializaron en la producción masiva de vino para la exportación y varias de ellas contaron con hornos propios para la fabricación de ánforas. Algunos de estos yacimientos arqueológicos romanos son hoy visitables, a pesar de que se encuentran en una zona muy turística, en la que destacan reclamos tan poderosos como el legado de Dalí por diversos puntos de la comarca (teatro-museo en Figueres, casa en Portlligat, etc.)  y el pintoresco pueblo marinero de Cadaqués.

La decadencia del imperio romano hacia el siglo V y la posterior invasión musulmana acabaron con el cultivo de la viña. La recuperación se inició en el siglo VIII con el dominio franco de Carlomagno y con el impulso de los monasterios medievales, especialmente desde Sant Pere de Rodes, que aún hoy conserva las bóvedas de sus grandes bodegas.

La época de esplendor se vivió en los siglos XVIII y XIX, sobre todo a partir de 1860, cuando la filoxera arrasó el viñedo francés y disparó la demanda de estos vinos ampurdaneses. Pero en 1879 el insecto cruzó los Pirineos y arrasó el viñedo local, sembrando la ruina y la despoblación. Las cicatrices aún son visibles sobre el paisaje: la zona solo ha recuperado 2000 de las 40000 hectáreas de su antiguo viñedo, apenas un 5%.

En cualquier caso, el medio centenar de bodegas de la actual D.O. Empordá y el entorno albergan un patrimonio de 2000 años de historia del vino: restos romanos, monasterios medievales y bodegas centenarias de aquella época de oro, además de las modernas bodegas actuales.

Hoy la mayoría de bodegas están en el interior y en las estribaciones de la cordillera pirenaica. El clima es mediterráneo, con influencia de la brisa marina y aromas a hierbas mediterráneas. Existe una gran variedad de suelos y la peculiaridad de la tramontana, un viento del norte que alcanza los 120 km/h y sacude violentamente las viñas, secándolas y protegiéndolas de humedades y plagas.

La ruta enoturística se divide necesariamente en dos: una primera por el Alt Empordá, donde está el mayor número de bodegas y viñedos, en la carretera de Cantallops y Capmany hasta la costa, y una segunda ruta por el Baix Empordá.

Celler Martín Faixó de la D.O. Ampurdán from winescreen on Vimeo.

La primera es una ruta de mar y montaña, en cuyo extremo occidental destacan dos bodegas: Masia Serra y Viyes dels Aspres (en Cantallops), con variedades autóctonas y vinos muy expresivos del territorio.

Capmany es el municipio con más bodegas: Cellers Santamaria, una de las bodegas históricas; Pere Guardiola, con gran presencia en hoteles y restaurantes de la zona; Vinyes d’Olivardots, a la que Robert Parker da las máximas puntuaciones; Oliveda, con una gran relación calidad-precio; y Arché Pagés, clave en la recuperación de viñas viejas de variedades autóctonas.

En Sant Climent Sescebes se encuentran dos bodegas emblemáticas: Marti Fabra, que elabora vinos excelentes en su masia familiar centenaria, en depósitos de hormigón de la década de 1960, y Terra Remota, que combina la gran arquitectura del vino y las mejores tecnologías para elaborar vinos elegantes y de estilo afrancesado.

En Mollet de Peralada está la Vinyeta, que representa la nueva generación de jóvenes de la D.O. Empordá; y Roig Parals, que en un pequeño garaje elabora vinos laureados por Parker.

La gran joya de la zona es Castillo de Perelada, con un patrimonio histórico y arquitectónico impresionante y las mejores viñas del Ampurdán, entre ellas su Finca Garbet, una de las viñas más bellas del Mediterráneo y uno de los mejores vinos de España.

Garriguella es la capital del vino y el aceite del Ampurdán, con la mayor superficie de viñedo y el mayor trujal de aceite de la zona.  La Cooperativa de Garriguella tiene los vinos con mejor relación calidad-precio; Mas Llunes elabora vinos de alta gama en viñedos que albergan búnkeres y refugios antiaéreos de la Guerra Civil española; Bodegas Trobat elabora una amplia gama de vinos y cavas, y Masetplana elabora vinos, cavas y excelentes aceites de oliva.

En Villajuïga están Espelt y Empordália, dos de los grandes de la comarca, y Gelamá, uno de los proyectos más interesantes de recuperación de la tradición histórica de la zona.

En el parque natural del Cap de Creus hay dos bodegas, Martín Faixó (Cadaqués), que está recuperando el pasado vitivinícola familiar apostando por el enoturismo: y Mas Estela (La Selva de Mar), con agricultura ecológica y biodinámica basada en las variedades autóctonas. Y muy cerca, el gran proyecto de Hugas de Batlle, con viñedos espectaculares de pizarra y una nueva bodega en construcción.

La ruta por el Baix Empordá pasa forzosamente por una visita a las ruinas arqueológicas de Empúries. Entre las bodegas de la zona se encuentra Eccoci (Sant Martí Vell), con vinos excelentes, Sota els Ángels (La Bisbal dÉmpordá), una ran masía restaurada y rodeada de agricultura ecológica y biodinámica; Can Sais (Vall-llobrega), una de las pequeñas bodegas más experimentadoras de la zona; el Celler Brugarol (Palamós), premio de arquitectura a la invisibilidad y al uso de materiales innovadores; Clos dÁgon (Calange), con uno de los mejores vinos blancos de España; y Mas Molla y Mas Ponsjoan (Calonge), dos masias que elaboran vinos de payés según los métodos tradicionales , en trámites para ser reconocidos como zona de interés enográfico.