
Desde su pan de manteca esponjoso hasta su almíbar especiado con canela y panela, este postre es un viaje sensorial por las tradiciones más profundas de la Cuaresma en Guatemala. Conoce un poco más al respecto de este dulce.

Cuando el olor a incienso y corozo inunda las calles de Guatemala, hay un aroma que también se apodera de las cocinas chapinas: el de los molletes. Este postre es, por excelencia, el protagonista de la gastronomía de Semana Santa, ofreciendo un consuelo dulce tras las largas jornadas de procesiones.
Tradicionalmente, en Guatemala se acostumbra consumir platillos que puedan prepararse con antelación o que se conserven bien durante los días de guardar. El mollete, al estar sumergido en almíbar, se mantiene fresco y delicioso, permitiendo a las familias dedicar tiempo a las actividades religiosas sin descuidar el banquete tradicional.
Los molletes guatemaltecos son una herencia colonial que ha evolucionado para adaptarse al paladar local. Durante la Semana Mayor, las familias se reúnen no solo para ver los cortejos procesionales, sino para compartir un plato de molletes bañados en almíbar, simbolizando la hospitalidad y la unión familiar.

En las ferias de Cuaresma y en las mesas hogareñas, es común ver ambos, pero no son lo mismo. Aquí te dejamos la clave para distinguirlos:

Para que un mollete sea digno de una mesa guatemalteca en Semana Santa, debe cumplir con tres elementos sagrados: