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Esta dona estimula el cerebro como la cocaína

Por Mariana Toledano

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El festejo del Día de la dona nació en Estados Unidos en 1938, cuando al médico militar Morgan Pett se le ocurrió comprar ocho docenas de donas para compartirlas con soldados heridos. El resultado fue exitoso y, desde entonces, el primer viernes de cada junio nos complacemos festejando este rico y suave pan sin imaginar que existe una dona, la más deliciosa, que podría causarnos un efecto similar al de drogas duras como cocaína y heroína.

Pero, ¿cuál es el sabor más delicioso (y peligroso)? ¿Qué dona habría desterrado a Helena como el mayor objeto de deseo, razón de la locura más irracional de una mente obsesionada? Pues la sencilla, famosa y antojable dona glaseada. Ni más, ni menos.

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En el documental Sugar vs. Fat, los doctores y gemelos Van Tulleken buscan saber qué es más dañino para el cuerpo: la grasa o el azúcar. Después de varios estudios, los resultados mostraron que no es ni una ni otra la que más daño provoca, sino la combinación de ambas. Esta dupla no existe originalmente en la naturaleza y es una de las principales razones del aumento en los índices de obesidad durante las últimas décadas.

Es tan intensa la sensación de placer en el cuerpo tras recibir ambas sustancias en dosis iguales, que un área del cerebro llamada de “sistema de recompensa” se altera como lo haría bajo el efecto de la cocaína:

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“Obese” se refiere a la combinación equitativa de azúcar y grasa.

Por eso es que te sientes tan feliz después de comer una glaseada. A diferencia del resto de las donas, ésta tiene la combinación equitativamente exacta de grasa y azúcar, y tu cerebro lo sabe. ¿La de chocolate? No, tiene más azúcar. ¿Una rellena? No, tiene más grasa. ¿Glaseada? Sí, es perfecta; no por nada es el sabor número uno en listados como este, este o este.

Y ahora que de seguro ya se te antojó, ¡corre por una glaseada y engaña a tu cerebro dándole felicidad en forma de grasa y azúcar! ¡Feliz día de la dona!

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Lo dicen Los Simpsons, lo respalda la ciencia.