
Del pescado se puede aprovechar todo, hasta la “papada”. Te cuento qué es y por qué es tan deliciosa.

Aunque durante años fue considerada un corte secundario, la papada de pescado, también conocida como cococha, se ha convertido en un bocado apreciado por chefs y comensales gracias a su textura, sabor y valor culinario en recetas de pescado. Sigue leyendo que te cuento qué es la papada de pescado y sus diferencias con los cachetes.

La papada de pescado es esa parte carnosita y gelatinosa que se encuentra debajo de la cabeza del pescado, específicamente en la zona del cuello y la mandíbula. En la cocina española, donde es más conocida y consumida, le llaman cococha (especialmente cuando proviene de merluza o bacalao) y es famosa por su alto contenido de colágeno y grasa natural.
En México, este corte aparece principalmente en pescados de carne firme como mojarra, huachinango, robalo, totoaba, mero o bacalao, y suele reservarse para preparaciones especiales. Su textura es suave, casi mantequillosa, y al cocinarse correctamente adquiere una consistencia gelatinosa muy apreciada.


Aunque su consumo no es tan extendido como en España, en México la papada de pescado ha encontrado un lugar especial en cocinas costeras y restaurantes de cocina contemporánea.

Aunque suelen confundirse e, incluso, usarse indistintamente en algunos menús, la papada de pescado (cococha) y los cachetes no son lo mismo, aunque sí comparten ciertas similitudes. La papada o cococha se localiza debajo de la mandíbula, en la zona del cuello del pescado. Es una pieza más gelatinosa y rica en colágeno, con mayor proporción de grasa natural. Al cocinarse, adquiere esa textura untuosa y casi melosa que la ha hecho tan valorada en cocinas como la vasca. Su función culinaria suele ser aportar sedosidad y profundidad al platillo.
Los cachetes de pescado se encuentran a los costados de la cabeza, justo donde estaría el “músculo de la mejilla”. Esta carne es más firme y compacta, con fibras definidas y menos gelatina que la papada. Su sabor es igualmente intenso, pero la experiencia en boca es distinta: los cachetes se sienten más carnosos, similares a un filete pequeño, mientras que la cococha se percibe más suave y fundente.
Tanto la papada de pescado como los cachetes son un ejemplo claro de cómo un corte humilde puede transformarse en un manjar cuando se entiende su valor culinario. Para quienes buscan nuevas texturas y sabores, son una experiencia que vale la pena descubrir.
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