Cinco bebidas tradicionales japonesas que no son té
Animal Gourmet

Los chiles en nogada y la cocina del mes patrio

Ir al especial

Sí, sabemos la importancia del té en las culturas asiáticas y el gran respeto que hay por él; sin embargo, cuando hablamos de saciar la sed, hay muchas más alternativas de las que crees. Por eso, queremos contarte de algunas bebidas tradicionales japonesas y su forma de elaborarlas.

Así como se utiliza la caña, la cebada y la uva para producir ron, cerveza y vino respectivamente, en Japón utilizan arroz como materia prima para muchas de las bebidas tradicionales.

También te puede interesar: 

-El japonismo gastronómico: la influencia de la cocina japonesa en el mundo.

-La guía que necesitabas para distinguir los tipos de sushi.

Sake

La palabra sake significa alcohol en japonés y es una de las bebidas más antiguas de este país oriental.

También se le llama vino de arroz y como buen fermento, tiene muchas interpretaciones y variedades. Comúnmente tiene entre 14 y 20 grados de alcohol.

Un dato curioso es que en el occidente conocemos de esta manera a una infusión hecha a partir del grano que en Japón se conoce como nihonshu.

Su elaboración consiste primero en pulir el arroz, es decir, retirar algunas capas que podrían aportar malos sabores. Con este proceso se deja el corazón del cereal, donde se concentra la mayor cantidad de almidones.

Una vez pulido se cuece y se extiende con la intención de que se impregne de un hongo llamado koji. Una capa blanca dará la señal de que los almidones se están descomponiendo en azúcares simples y éstas, a su vez, están funcionando para alimentar a las levaduras y completar el proceso de fermentación.

Se puede beber frío, tibio o caliente dependiendo del tipo de sake, la época del año y el gusto de cada quién.

bebidas tradicionales japonesas
Sake, una de las bebidas más populares de Japón. // Foto: Especial.

Calpis 

Esta es una bebida hecha con leche fermentada, agua y ácido láctico. Por sus ingredientes es algo menos cremoso y más refrescante que los lácteos. ¿Has escuchado del kéfir o del lassi indio? El calpis es algo parecido a éstos y comparte muchos beneficios nutritivos.

Su sabor también se acerca al del yogurt natural, con ese grado de acidez que no molesta al gusto. Puede adicionarse con frutas como durazno o mango y tomarse natural o carbonatado.

Alcanzó popularidad en los años 20 en Japón por ser una bebida fácil de conservar.

bebidas tradicionales japonesas
Calpis natural. // Foto: Especial.

Amazake

El amazake es un híbrido entre bebida, alimento y endulzante. Se prepara al fermentar arroz café en agua con semillas de koji. Conforme pasa el tiempo, se forma una especie de pasta que perfectamente puede sustituir al azúcar.

La preparación para beber es muy sencilla. Puede ser un ingrediente que se licue con frutas o bien, diluido en agua caliente.

Es muy común encontrar el amazake en los puestos callejeros de Japón y actualmente también lo venden empaquetado y listo para tomar.

Happōshu

El Happōshu huele y sabe a cerveza pero el gobierno japonés no la tiene catalogada como tal pues no cumple los requisitos indispensables de la ley.

El alcohol en Japón no es barato y esto es gracias a los altos impuestos que se deben pagar, es por eso que existe esta bebida. Los productores de este fermento lo elaboran con menos proporciones de malta y así poder evitar que sea un producto caro e incomprable.

Propios y extraños pueden caer en la trampa de beber cerveza que en realidad es happōshu, es fácil confundirse. Eso sí, si buscas algo más económico que una chela japonesa que sea ligerito y fácil de beber, pruébalo.

Shōchu

El Shōchu es una bebida hecha con base en el arroz; la diferencia con el sake es que este es un destilado. La palabra significa alcohol quemado y es una delicia para después de comer.

Tiene una graduación alcohólica más alta que el sake, aproximadamente de 30°. Aunque actualmente la competencia con el whisky japones es dura, el Shōchu está ganado gran terreno.

Los ingredientes para prepararlo son arroz, agua, koji y levadura; una vez fermentados pasa por dos destilaciones que comunmente suceden en alambiques.

Ya listo, se deja envejecer entre uno y tres años en barrica de madera, toneles de acero o en ollas de barro. Los productos de este último método son más preciados: la porosidad del material le da cuerpo y sabor.