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Soldados rusos toman el Hotel Adlon Kempinski durante la toma de Berlín. // Foto: Especial.

Cambiar al mundo alrededor de una taza de café (Parte 2)

Por Animal Gourmet

No sólo con ideas se cambia al mundo. La información que fluyó en los cafés durante las guerras fueron parte esencial en el proceso. Los servicios de espionaje de los aliados en la época nazi en el café del Hotel Adlon Kempinski son prueba de ello.

Da click para leer la primera parte de “Cambiar al mundo alrededor de una taza de café”.

Hotel Adlon Kempinski – Café

Unter den Linden, 77. Berlín, Alemania.

El hotel Adlon-Kempinski fue uno de los más lujosos de su época, aquí una imagen de los años 20. // Foto: Especial.

El hotel Adlon-Kempinski fue uno de los más lujosos de su época, aquí una imagen de los años 20. // Foto: Especial.

A comienzos del siglo XX, inaugurado por el Kaiser Guillermo II, el Adlon Kempinski se convirtió en uno de los hoteles más bonitos y lujosos del mundo. Situado frente a la puerta de Brandenburgo, ofrecía l

os mejores restaurantes y el más elegante “Tanztee”. El hotel se encontraba rodeado por las embajadas de la Gran Bretaña, Francia y

Estados Unidos, lo cual lo hacía perfecto para reuniones.

Durante la Segunda Guerra Mundial se especulaba que tal ubicación hacía que su café fuera zona neutral al conflicto nazi; tan es así, que le apodaban “la pequeña Suiza”. Ahí se llevaban a cabo reuniones de diplomáticos aliados casi a diario. El partido nazi no lo frecuentaba mucho ya que el Kaiserhof Hotel era más cercano y menos observado.

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Soldados rusos el Hotel Adlon Kempinski durante la toma de Berlín. // Foto: Especial.

El Adlon Kempinski fue convertido en hospital durante la Segunda Guerra Mundial. Una vez finalizada de la guerra, la construcción del Muro de Berlín en 1961 lo dejó en el lado Este y padeció años de decadencia. Hoy ha recuperado el esplendor que le dio fama y es posible disfrutar un espléndido café en el lugar donde se citaban cientos de espías durante la época nazi.

Café Central

Herrengasse, 14. Viena, Austria.

El Café Central de Austria abrió sus puertas en 1876. // Foto: Especial.

En el Café Central de Austria se gestó la Revolución Rusa. // Foto: Especial.

Viena es citada como la capital que dio a conocer al mundo los cafés, gracias a las constantes intervenciones turcas que traían consigo la estimulante bebida. Es fácil pensar que aquí también se gestarían movimientos transformadores mundiales como lo fue la Revolución Rusa.

El Café Central fue inaugurado en 1860 en la planta baja del Palacio Ferstel. Fue cuartel central de revolucionarios y pensadores como Sigmund Freud y León Trotsky, asiduos clientes. Una anécdota cuenta que el famoso político austríaco Heinrich Clam-Martinic, frente a la posibilidad de que estallase la Revolución Rusa, afirmó: “¿Y quién se supone que va a hacer la Revolución? ¿Quizá el señor Bronstein desde el Café Central?”, refiriéndose a Trotsky, ya que Bronstein era su apellido real. Trotsky vivió en Viena desde 1907 hasta la Primera Guerra Mundial; era aficionado al ajedrez y solía jugar allí.

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El Café Central fue inaugurado en 1876, aquí en una imagen reciente. // Foto: Especial.

Con el tiempo, el café también fue conocido como la Universidad del Ajedrez por la popularidad que tomó este juego. Durante la Segunda Guerra Mundial el local fue parcialmente destruido. Cerró sus puertas en 1943 y volvió a abrir cuatro décadas más tarde preservando la decoración, incluida la gran sala de columnas y bóvedas de estilo neogótico.

Aún conserva el espíritu bohemio de sus primeros tiempos, y es el sitio ideal para disfrutar un excelente café vienés, leer un periódico y volver a la nostalgia del idealismo del Sr. Bronstein.

Si te gustó, puedes leer aquí la primera parte de “Cambiar al mundo alrededor de una taza de café”.

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*Regina Betanzo es articulista para varios medios y fue premiada con el National Young Leaders Conference en Washington D.C.